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El proyecto comenzó cuando en una ocasión mientras ordenaba mis documentos personales, hallé no por casualidad, un viejo papel con un dibujo hecho por mi hace algunos años en el cual se describe el recuerdo de una máquina para triturar plástico construida por mi padre Alvaro Núñez en el pueblo de Acatlipa Morelos alrededor del año 2003-2004. El dibujo pareciera el boceto de un recuerdo bastante desconfigurado, sin embargo, en el se muestra la casa en dónde mi padre creo originalmente esta máquina, la idea imprecisa de la máquina e incluso, una reminiscencia no tan vaga del jardín de enfrente. Decidí pues, comenzar a rastrear dicha máquina por medio de los recuerdos de quiénes estuvieron cercanos a mi padre en aquellos años y de principio, rememorizar colectivamente, la historia de cómo se construyo el objeto; los motivos para crearlo y a el destino de aquella empresa. Con el paso del tiempo, parecía un misterio que en realidad a nadie le importaba resolver, nadie además de mi, tenía necesidad de recordar este suceso y mucho menos esperaban sacar algún fruto de la inquietud ajena. Para mí, el significado de la máquina continua abriendo paradigmas en mi cabeza como si de encontrar un tesoro se tratara. No solo representa un momento y un sitio específico en mi vida, en la vida de mi padre y en la vida familiar; sino que también y casi por los mismos motivos, simboliza una arqueología propia del descubrimiento de la memoria personal y con ello, una etnografía de la cultura que nos ha educado y llevado a creer (y a crear) en lo que hacemos como un sinónimo de asentamiento. Una forma de encontrar identidad. Un buen día, a pesar de lo que esto significaba para mí, es decir, a pesar de un extraño temor hacia la nostalgia que esto produciría, decidí ir en busca de la máquina o por lo menos de sus restos. Contacte a algunos de sus amigos y solamente uno de ellos, Arturo, su gran amigo en vida, decidió muy amablemente transcribirme su versión de la historia pues, resulto ser además él, con quien mi padre había trabajado en este proyecto. Me sorprendió inicialmente todo los hechos que rodeaban este reencuentro.Tenían todos ellos, de alguna manera, algo que ver con la muerte. Además de la muerte de mi padre en el año 2011, también había fallecido la máquina y con ella, todo el mito que yo había construido a su memoria. Al encontrarme allí, pregunte por el paradero de Amalia, la novia de mi padre con quién yo había perdido comunicación desde su velorio y también ella, había resultado víctima de cáncer un año después del fallecimiento de papá. La casa en dónde él y mi hermana habían vivido durante la temporada de “construcción” del proyecto original, se encontraba ahora completamente invadida por plantas y sin ninguna manera de poder acceder en ella. En esta búsqueda “in situ”, encontré un especie de fantasma detenido en el tiempo y en la naturaleza de este lugar. Cerca de allí, me tope con una montaña de moldes de yeso para hacer adornos de cerámica típica de la zona, acumulados y destruidos por el clima. Me imaginé que aquello era una pista, como un mensaje del más allá que me guiaba por un buen camino, que gracias a un viaje en el tiempo, me marcaba las pautas y me enseñaba las señales correctas representadas en una realidad ficticia, en huellas de mi memoria inscritas en lo material.